Volvemos a Ceibes de Regoufe


Spot, gran danés aún cachorro y campeón en la categoría de esa edad.

Tras los recuerdos de ayer hoy tocó volver al criadero ya desaparecido y buscar fotos y recuerdos.

Allí habíamos construido una pequeña pero muy bonita casa en la que vivíamos Ana y yo y donde nacieron nuestros dos primeros hijos. Teníamos dos cuidadoras, de la zona, a las que les gustaban los perros y los cuidaban y preparaban con esmero para las exposiciones. Habíamos contratado también a un ex policía que se encargaba de adiestrar a pastores alemanes, criados por nosotros o que nos traían de bancos o empresas de seguridad, para que se encargasen de actuar como vigilantes y protectores en las entregas de dinero en los bancos, por ejemplo, incluso en Madrid. Yo trabajaba en la Facultad desde las 7.30 de la mañana y volvía a la finca hacia las cinco de la tarde para disfrutar de aquel paraíso.

Todo iba muy bien, criábamos campeones, íbamos a exposiciones en España y Portugal algunos fines de semana, el ambiente era de lo más agradable porque allí acudía cantidad de gente, de todo tipo. Todo era perfecto, incluso teníamos una pareja de búhos en la caseta que habíamos preparado para almacenar la comida de los perros; búhos que se encargaban de que allí no entrase un ratón o similares ya que si lo hacía lo cazaban rápido.

Pero un buen día, mal día en realidad, entró un virus que por aquel entonces se hizo famoso en España, que atacaba el sistema digestivo y alguno de aquellos animales comenzó a enfermar y morir por diarreas incontrolables. Estaba desesperado, no había vacunas, no había tratamientos, el virus se expandía hasta que se me ocurrió un tratamiento que parecía disparatado, con colinérgicos y anticolinérgicos, y logré eliminar el virus; hasta el punto de que otras personas, criadores o dueños de perros simplemente, comenzaron a venir por allí para que tratase a sus animales. Pero como suele suceder, lo novedoso es criticable y un buen día se me plantó un veterinario, responsable de la feria de ganados, atacándome con dureza ya que yo no era veterinario y no podía actuar como tal. En realidad no lo hacía, no por supuesto cobraba a nadie, y el tratamiento funcionaba. Quiso denunciarme, pero en eso quedó la cosa.

Fueron años de disfrute, de viajes a campeonatos, de medallas y trofeos. Pero está visto que todo lo bueno tiene siempre un mal final, eso parece.

Un día vino una empresa nueva de Madrid, a ofrecernos un pienso diseñado por ellos que, según decían, era una maravilla por su contenido en principios inmediatos, minerales y vitaminas. Tragamos y cambiamos la alimentación.

Pocos meses más tarde vemos que empiezan a desaparecer cachorros recién nacidos y ya vendidos y cobrados. Un misterio que comenzó a perpetuarse hasta que un día veo a una perra setter irlandés comiéndose a una de las seis crías que había parido dos días antes. Me sorprendió, pero de entrada no caí en cuál sería la razón. A los tres días había desaparecido otro cachorro de la misma perra, que un año antes había criado una camada perfecta. Y no solo eso, sino que me dicen las cuidadoras que en otras camadas de otras razas estaba pasando lo mismo. Ahí se me abrió la luz, pero ya era tarde. Recordé que cuando estudiaba segundo de Medicina había tenido una rata blanca, grande, en una jaula en mi habitación del C.M. Fonseca, rata que había comprado en la Feria de la Ascensión, y que esa rata estaba preñada y cuando dio a luz había empezado a comerse las crías. ¿Por qué? Problema de subsistencia, falta de proteínas en la dieta y la madre tenía que ir comiéndose a sus crías para seguir alimentando a las otras. Supuse que lo mismo estaba ocurriendo en el criadero de perros, por lo que hablé con dos investigadores de la Facultad de Veterinaria de Lugo y les pedí que me analizasen el pienso. El resultado fue devastador, el pienso tan bueno y tan caro tan solo tenía un 4% de proteínas, algo absolutamente insuficiente para alimentar ya no a las crías sino a la propia madre y a todos los perros en general.

Lo puse en manos de un abogado prestigioso de Santiago y éste presento la denuncia en el Juzgado. Era tan clara la estafa que el propio juez receptor de la denuncia la comentó en clase en Derecho, como ejemplo de lo que había que hacer. Así me lo dijo un buen amigo, hermano de mis primeras amigas de la infancia en Las Traviesas, que en aquel entonces estudiaba Derecho y hoy es un prestigioso abogado de Vigo.

Pero pasaba el tiempo, nos habíamos quedado colgados económicamente al tener que devolver el dinero de los cachorros vendidos por anticipado y no entregados por haberse muerto, y para colmo resulta que mi abogado no daba señales de vida. Me fui a su despacho y allí me atendió muy amablemente su ayudante, quien me dijo “en secreto” que el abogado había retirado el caso y el juez lo había archivado. ¿Por qué lo retiró? pues porque la empresa de Madrid que tendría que hacer frente a una demanda millonaria por estafa le había pagado al abogado en cuestión para que éste cerrase el caso pidiendo el archivo de la denuncia. Quise entonces presentar una denuncia contra el famoso abogado, más que conocido en Santiago en aquella época, pero ya no fue posible porque falleció antes de que pudiese hacerlo. Total, nos quedamos sin perros, hubo que vender la finca y dejar que todo quedase en el recuerdo. Muchos recuerdos. Seguro que si alguna de las hermanas del abogado de Vigo, de nombre Antonio, lee esto y se lo comenta lo recordará.

Y aquí quedan algunas fotos de nuestros adorables y fantásticos perros de aquella época:


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