Cada día una nueva sorpresa, así es la ciencia.
La noticia que voy a reseñar ya ha aparecido ayer en algunos periódicos, pero ahora vamos a detallarla algo más, partiendo de la fuente original.
Nueva esperanza para el Alzheimer: un suplemento de litio revierte la pérdida de memoria en ratones.
Estudios en roedores y humanos sugieren que los niveles bajos de litio contribuyen al deterioro cognitivo.
Reponer las reservas naturales de litio del cerebro puede proteger contra la enfermedad de Alzheimer e incluso revertirla, según sugiere un artículo publicado en Nature el 6 de agosto de 2025 .
El artículo informa que los análisis de tejido cerebral humano y una serie de experimentos con ratones apuntan a un patrón consistente: cuando las concentraciones de litio en el cerebro disminuyen, tiende a desarrollarse pérdida de memoria, al igual que las características neurológicas de la enfermedad de Alzheimer, llamadas placas amiloides y ovillos de tau. El estudio también encontró evidencia en ratones de que un tipo específico de suplemento de litio revierte estos cambios neurológicos y revierte la pérdida de memoria, restaurando el cerebro a un estado más joven y saludable.
«Esto es revolucionario», afirma Ashley Bush, neurocientífica de la Universidad de Melbourne (Australia), que no participó en el estudio. “Solo recientemente contamos con los primeros fármacos modificadores de la enfermedad de Alzheimer. Pero solo se dirigen a una cosa: las placas amiloides. Este enfoque se centra en todas las principales patologías preocupantes de la enfermedad”.
Si se confirma en ensayos clínicos, las implicaciones podrían ser profundas. La demencia afecta a más de 55 millones de personas en todo el mundo; la mayoría padece Alzheimer. Las terapias antiamiloides disponibles en el mercado ralentizan el deterioro cognitivo, pero “no lo detienen. No restauran la función”, afirma el coautor Bruce Yankner, genetista de la Facultad de Medicina de Harvard en Boston, Massachusetts. “Todavía no tenemos la penicilina para el Alzheimer”, afirma.
Aquí un inciso por nuestra parte. Aunque solamente hemos publicado un caso de restauración total en un Alzheimer incipiente, con datos claros de evolución de la enfermedad cuando comenzamos el tratamiento, en tres meses conseguimos no solo detenerla sino revertirla y así lo publicamos en 2018 (ver PubMed, National Library of Medicine, Devesa J et al. 2018).
Pero volvamos al trabajo actual:
Antiguo tónico, nuevo papel
En los siglos XIX y principios del XX, el litio se promocionaba como un tónico para la salud que alteraba el estado de ánimo, e incluso aparecía como estimulante en una de las primeras recetas del Seven Up. Resurgió en la década de 1970 como el tratamiento de referencia para el trastorno bipolar. Y aquí otro inciso: Yo mismo tuve la oportunidad de sacar de un mugriento hospital de Washington a un alumno cubano de Medicina en Santiago, a quien habían ingresado en ese Hospital en sus vacaciones de verano en USA, y traérmelo para Santiago para tratarlo con litio y sacarlo del brote esquizofrénico que le había llevado a ingresar en aquel Hospital. Fue después, y sigue siendo, un brillante cardiólogo intervencionista en Texas. Pero sigamos con el artículo cuyo comentario iniciamos:
Los científicos pronto observaron que, entre las personas con trastorno bipolar, el envejecimiento cerebral era más lento en quienes tomaban litio que en quienes no. Mientras tanto, estudios epidemiológicos revelaron que las regiones con reservas de agua que contenían trazas de litio presentaban tasas de demencia relativamente bajas. Sin embargo, los ensayos clínicos para evaluar los efectos del litio en el deterioro cognitivo arrojaron resultados dispares.
En una investigación para aclarar la función del litio, Yankner y su equipo demostraron, por primera vez, que este metal está presente de forma natural en el cerebro, donde desempeña una importante función fisiológica.
Las pistas se acumularon. Los autores descubrieron que los niveles de litio eran más bajos en las partes del cerebro humano afectadas por la enfermedad de Alzheimer que en las regiones no afectadas. El equipo también descubrió que, en personas con deterioro cognitivo leve, un precursor del Alzheimer, el litio cerebral se fija en las placas amiloides, lo que deja menos disponible para las funciones cerebrales esenciales. Esta abstinencia de litio «se agravó a medida que la enfermedad progresaba», afirma Yankner. El litio tuvo un destino similar en los cerebros de modelos de ratón con enfermedad de Alzheimer.
En experimentos posteriores con ratones, aquellos con cerebros deficientes en litio desarrollaron más placas que los animales con niveles normales de litio. Esto desencadenó un círculo vicioso que podría representar la devastadora progresión de la enfermedad de Alzheimer: menos litio en el cerebro conduce a más amiloide, lo que a su vez conduce a aún menos litio.
Yankner y su equipo relacionaron la pérdida de litio con otros marcadores de la enfermedad, como la acumulación de ovillos de proteína tau y la actividad alterada de los genes relacionados con el Alzheimer. Incluso identificaron una posible manera de romper este círculo vicioso.
La mayoría de los ensayos clínicos con litio se han realizado en forma de carbonato de litio. El equipo demostró que las placas amiloides atrapan fácilmente esta forma, pero otras, como el orotato de litio, evitan este destino. Cuando los autores administraron a ratones dosis bajas de orotato de litio, este revirtió el daño cerebral relacionado con la enfermedad y restauró la memoria de los animales. El carbonato de litio no tuvo los mismos beneficios, lo que podría explicar los resultados dispares de ensayos clínicos previos.
En resumen, oronato de litio una vez al día, máxime si existe un genotipo APOE con uno o dos alelos 4, aunque mejor de momento esperar a los ensayos clínicos que ya van a comenzar. ¿Mientras tanto? pues tenemos a la Melatonina a altas dosis que inhibe la fosforilación de tau responsable de la muerte neuronal.
Jesús Devesa