La respuesta a esta pregunta que me hago a mí mismo sería sí, lógicamente, ya que solamente a través de ellas podemos conocer la actualidad del mundo en el que vivimos. Sin embargo, analizándolo fríamente, la respuesta debería ser No para evitar caer en la indignación y la depresión.
Suena a contradicción, pero no lo es. Desde hace ya mucho tiempo, demasiado, nuestro mundo no es el que era, al menos aquél en el que hace ya muchos años me criaron, me educaron y me formé como persona. Dejo de lado las guerras, una tras otra, que inexorablemente van apareciendo, se van gestando y acaban destruyendo inocentes y sobreviviendo, por lo general, los causantes. Parece algo ligado a la conducta del ser humano, desde que apareció en la Tierra. Pero no puedo dejar de lado la indecencia, la corrupción, la inmoralidad, la mentira, constantes que día tras día tenemos que tragar. Y mucho menos puedo dejar de lado el cinismo de quien y quienes nos gobiernan, indiferentes a todo lo que ocurre en su entorno, quizás porque ellos mismos lo han provocado. Y tampoco puedo dejar de lado a los que, quizás porque por ello les pagan, atacan y desmienten a los que descubren la mentira, la corrupción. Una muestra quizás aún mayor de indignidad.
¿En qué mundo vivimos y a dónde vamos? La respuesta a la primera parte de esta pregunta es fácil, la segunda no tanto aunque se puede intuir.
¿En qué cabeza, o cabezas más bien porque cada día aparecen más, cabe el diseñar estrategias para que la corrupción campe a sus anchas mientras todos los españoles que trabajan tienen que pagarla? ¿Cómo es posible que si de tres que sois en la familia, que yo sepa, dos estén ya camino de la cárcel, y el jerarca siga impertérrito? ¿En qué cabeza cabe que el que fue presidente del gobierno, infausto presidente, sea ahora el “jefe de la diplomacia española”, el que hace convenios con países igual de corruptos o más?, el mismo que, al parecer, pagó quién sabe cuánto a una banda terrorista para que dejase de asesinar tras haberlo hecho con casi 2000 españoles, muchos de ellos niños? ¿En qué cabeza cabe que se haya pactado con los “herederos” de esa banda de asesinos simplemente para conseguir sus votos para alcanzar el poder y mantenerse en él?
Esto, muy resumido, es lo que leemos, oímos y vemos un día sí y otro también en las noticias. ¿De verdad vale la pena hacerlo?
Centrémonos en el 3I/ATLAS y el SWAN. Pronto ya llegarán y a lo mejor lo hacen con un mensaje que puede ser catastrófico. Nada es causalidad, ya veremos.
Jesús Devesa