Una noche para olvidar


No solamente porque por la mañana, estúpidamente, giré la cabeza andando y me golpeé fuertemente en el pómulo derecho con una columna. Dolor intenso todo el día, pero sin fractura, creo porque no m hice ninguna radiografía. El dolor aún persiste, y el moretón, pero no es de eso de lo que quiero hablar, quiero desahogarme.

Aunque no soy político, ni afiliado a ningún partido, ni pienso serlo, sí sigo desde hace unos 4 años, un programa de Trece TV, El Cascabel, de 10 de la noche a 12.30, porque en él se tocan o tocaban temas de actualidad con expertos e interesantes analistas. Te entretenías y enterabas de hechos sucedidos, a veces, muchas, sorprendentes, que te permitían entender el por qué este país va como va, de mal en peor. Pero lo que no entiendo, ni me gusta, es que si un programa es de análisis político de hechos reales que diariamente se dan y nos afectan, últimamente se hayan empezado a mezclar cuestiones de tipo religioso que se podrían explicar por ser de quién es esa cadena de TV, pero que, sinceramente, creo que no tienen cabida en un programa como el que comento. Lo de ayer noche no fue religioso, en el sentido estricto de la palabra, pero casi. Lo digo porque no entiendo que en un programa como este, al que Horizonte de Cuatro TV le va a comer audiencia, si no lo ha hecho ya, el programa comience con una pregunta del presentador a los analistas invitados, pregunta que después traslada a Irene Villa (tiene todos mis respetos) y a un filósofo. La pregunta en cuestión era: “¿Tú perdonarías lo imperdonable?”, y a partir de ahí un diálogo de unos treinta minutos aburrido y sin sentido en mi opinión. Quizás haya oyentes o espectadores que les haya interesado, a mí no; cada uno tiene su opinión y me parece absolutamente ilógico y en contra de la propia cadena de TV ese tipo de disquisiciones. Y aprovechando esto, voy a decir algo que también hace tiempo que vengo pensando: ¿Cuál es la lógica de que una cadena de TV que teóricamente debiera estar a favor de los valores humanos, contra la violencia, el abuso, etc…se dedique día tras día, horas, a largar películas antiguas de vaqueros del Oeste americano, luchando entre sí o contra los indios? Violencia y más violencia, absolutamente impropio de esa cadena, al menos en mi opinión.

Pero bueno, sigamos con la noche para olvidar. Increíble, vergonzoso, indignante, y muchas otras palabras que se me podrían ocurrir. Me refiero a un video, expuesto ayer, en el que la ministra de “Desigualdad” lanza un mítin bochornoso en un acto de campaña para las elecciones de Castilla y León en el que se encontraba el uno. Le denomino así porque como presidente debe ser el nº 1 del país, que nadie piense otra cosa. Pues bien…(como diría ZP hablando de que el infinito es el infinito), la sra. ministra comienza a excitarse, a embravecerse y a gritar desaforadamente de el uno es el héroe universal, el idolatrado (más o menos) por el 80% de la gente de este país, el líder más respetado y valorado más allá de nuestras fronteras (supuse que pensaría al decirlo que nuestras fronteras son infinitas, no hay más que leer la prensa extranjera para entender esa valoración…), y para no extenderme en las lindezas incoherentes que la sra. ministra lanzó desaforadamente acabó gritando (vociferando más bien): “No a la guerra”, “No a la guerra”, “No a la guerra”, muchas, muchas veces, afónica, puño en alto y mirando al uno que sonreía halagado. Por supuesto que “no a la guerra”, a nadie le gustan las guerras, o a muy pocos, no a mí desde luego, pero si tanto lo dicen ¿por qué envían fragatas, venden armas, etc? y ¿por qué no se habla en términos diplomáticos, serios y políticos de los miles de asesinatos por disidencia en Irán?, ¿por qué no se recrimina el que a una joven la condenen a muerte en ese país por quitarse el yihab o como se llame? Palabrería, nada más que palabrería, mientras que aquí, además, las pulseras detectoras de los condenados por maltrato a las mujeres fallan y fallan, al parecer, debido a su obtención a bajo precio. Y a mayores, el número de mujeres asesinadas por sus parejas o lo que sean sigue aumentando día a día, menos mal que ya tenemos la ley del Sí es sí…

Pero hay más, evidentemente “No a la guerra”, ya no solo porque mueren personas inocentes si no por la repercusión económica a todos los niveles. Ya lo dijo, también ayer, el uno. Los pescadores gallegos sin poder faenar, los precios suben, los ganaderos aumentando costes, los transportes, la energía, todo…, ¿quién va a poder aguantar todo esto? No hay solución, ¿o sí la hay? Pues creo que sí la hay, aunque no soy un experto económico, pero otros lo han dicho y me parece lógico. ¿Por qué el uno tiene 800 o más asesores en la Moncloa?, asesores de imagen, de maquillaje, de documentales, de todo, ¿hacen falta?, ¿por qué suben y suben los impuestos?, la respuesta es lógica: para mantener toda esa parafernalia no para otra cosa; está claro, las carreteras cada vez peor, de los trenes mejor no hablar, ni de la sanidad o la enseñanza. ¿Cómo es posible que niños de 12 años no hayan oído hablar de Don Quijote?, y a no digo leerlo, aunque también. ¿Hasta dónde ha llegado la corrupción?, pronto lo sabremos. Es triste, tras una vida de trabajo y más trabajo el ver hasta dónde hemos llegado y qué lugar ocupamos entre los países de un cierto nivel. Sinceramente, aunque puedo estar equivocado pero que me lo demuestren, nací y crecí en un país que desde abajo iba hacia arriba y moriré en un país en el que desde arriba se va hacia abajo y de forma precipitada. ¿Se puede perdonar lo imperdonable? Esa era la pregunta de El Cascabel de ayer, que nos hizo, o me hizo, perder el tiempo de mala manera, pero ahora voy a responderla: No, no se puede perdonar.

Jesús Devesa


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