Si abusas del consumo de alcohol lee esto…


Desde hace ya unos meses, el sábado por la tarde se reúnen en nuestro Centro Médico un grupo de personas, dependientes del alcohol, para tratar de huir de esa dependencia que tanto daño hace al organismo y a la sociedad. Lo hacen voluntariamente, y gratuitamente por nuestra parte, bajo la dirección de una persona, desconozco si es psicólogo u otro especialista o sencillamente alguien que actúa altruistamente, y durante un par de horas, más o menos, intentan, escuchando y hablando entre ellos, huir de esa lacra. Personalmente admiro ese esfuerzo aunque no es ese el motivo de este escrito.

También desde hace ya mucho más tiempo, trato personalmente a pacientes con obesidad extrema, predominantemente mujeres, de todas las edades, ansiosos de acabar con ese sobrepeso. No es ya un problema estético del que hablo, en ello no me meto, sino médico y potencialmente grave, cuando esa obesidad implica o radica fundamentalmente en grandes depósitos de grasa abdominal. ¿Por qué potencialmente grave? Pues porque precisamente esa grasa lleva al desencadenamiento de un síndrome metabólico que se traduce en ovario poliquístico, en chicas jóvenes, diabetes, hipertensión, arterioesclerosis, infartos, ictus e incluso diversos tipos de cáncer: mama, páncreas, colon y próstata, que sepamos.

Lo habitual es abordar la obesidad mediante una dieta y ejercicio físico, pero durante los años que ejercí como endocrinólogo creo recordar que tan solo conseguí que un chico de unos 22 años lograse adelgazar 82 kilos en un año. ¿Por qué es tan difícil el abordaje de la obesidad? Pues hay múltiples razones, entre ellas el hecho de que el comienzo parece radicar en una alteración de lo que sería la normal flora bacteriana intestinal, algo en lo que no voy a entrar aquí ahora, y otro el que no hay conocimiento en las personas de lo que significa ingerir una caloría (por ejemplo) y tratar de eliminarla. Recuerdo que cuando en clase de Fisiología en Medicina tocaba este tema hace años siempre ponía el mismo ejemplo: “para eliminar las calorías que ingieres bebiendo una simple Coca Cola se necesita jugar durante 75 minutos un partido de fútbol de Primera División o pedalear cuesta arriba en los Alpes durante treinta minutos en el Tour de Francia”. ¿Cuántos podrían hacerlo? Con ello lo que pretendo explicar es que si bien el ejercicio físico es sumamente importante, para todo, pretender eliminar la obesidad a base de ejercicio es sumamente difícil, a menos que lo combines con una estricta dieta en la que predominen los vegetales de hoja verde y el pescado azul.

Pero desde hace un par de años, más o menos, disponemos de unos fármacos, agonistas del receptor del péptido GLP-1 (péptido similar al glucagon, hormona pancreática que produce hiperglucemia), que actúan reduciendo el apetito, y disminuyendo el vaciado del estómago tras la ingesta. Es un mecanismo fisiológico que se produce tras comer induciendo que el intestino comience a liberar esta hormona GLP-1 que actúa como acabamos de describir. Y para los que no conocen el significado de “agonistas del receptor” aclarar que son fármacos que “imitan” a este receptor con lo que al ser administrados el organismo dispone de más lugares en los que la señal del GLP-1 se puede recibir y desencadenar la respuesta que ya hemos descrito. Todo dicho de una forma muy sencilla para los no expertos en el tema.

Bien, el motivo de este escrito no era todo lo que acabo de analizar sino lo siguiente:

La terapia combinada con GLP-1 puede reducir el consumo excesivo de alcohol.

Las personas con trastorno por consumo de alcohol y obesidad bebieron menos cuando fueron tratadas con un fármaco GLP-1, además de terapia cognitivo-conductual.

Un equipo de investigación internacional encontró evidencia de que los fármacos GLP-1 pueden ayudar a reducir el deseo y el consumo de alcohol en personas con trastorno por consumo de alcohol.

El trastorno por consumo de alcohol (TCA) es una afección médica caracterizada por la incapacidad para dejar de beber o controlar su consumo. Los tratamientos de salud conductual, como la terapia cognitivo-conductual (TCC), pueden ayudar a tratar el TCA. Sin embargo, a pesar de décadas de investigación, solo se han aprobado tres medicamentos para el TCA. Se necesitan tratamientos más nuevos y eficaces.

Los agonistas del receptor GLP-1 (GLP-1) son una clase de fármacos aprobados para el tratamiento de la diabetes y la obesidad. Estos fármacos actúan sobre las vías cerebrales implicadas en la regulación del apetito y la recompensa, inhiben a lo que se podrían denominar “neuronas del hambre». Esto sugiere que también podrían ayudar a controlar el consumo de alcohol. Algunos GLP-1 han mostrado resultados prometedores para reducir el consumo de alcohol en estudios con animales y humanos. Los análisis de historiales médicos de personas con diabetes u obesidad han revelado un menor riesgo de trastorno por consumo de alcohol (TCA) entre quienes reciben tratamiento con un agonista del receptor GLP-1. Sin embargo, aún se han realizado pocos ensayos clínicos aleatorizados con agonistas del receptor GLP-1 para el tratamiento del TCA.

Un equipo internacional de investigadores, liderado por el Hospital Universitario de Copenhague e integrado por científicos de los NIH, estudió los efectos y la seguridad del agonista del receptor GLP-1, semaglutida, en personas con obesidad que buscaban tratamiento para el TCA. Los participantes recibieron una inyección semanal de semaglutida o placebo durante 26 semanas. Además, se les ofrecieron sesiones estándar de terapia cognitivo-conductual (TCC) para el TCA. Los resultados del ensayo se publicaron en The Lancet el 2 de mayo de 2026.

Un total de 108 participantes se inscribieron en el ensayo, de los cuales 88 lo completaron. En todos los participantes, la frecuencia de días de consumo excesivo de alcohol disminuyó a lo largo del ensayo. Sin embargo, la disminución fue significativamente mayor en quienes recibieron semaglutida. Quienes tomaron semaglutida también experimentaron mayores reducciones en el consumo total mensual de alcohol, el número de bebidas por día de consumo, el deseo de beber alcohol autoinformado y las medidas de consumo nocivo de alcohol.

El equipo también monitorizó diversos biomarcadores de consumo de alcohol y daño hepático en sangre. Estos biomarcadores disminuyeron más en el grupo de semaglutida que en el grupo placebo. El peso corporal, la circunferencia de la cintura, el índice de masa corporal y el nivel promedio de glucosa en sangre también disminuyeron más en el grupo de semaglutida.

Los efectos adversos más comunes fueron síntomas gastrointestinales transitorios, de leves a moderados. Estos incluyeron náuseas, estreñimiento, pérdida de apetito, diarrea, reflujo y dolor abdominal. Estos efectos fueron más frecuentes en el grupo de semaglutida que en el grupo placebo. Solo un participante del grupo de semaglutida experimentó un efecto adverso que requirió hospitalización.

Los resultados sugieren que la semaglutida podría reducir el consumo de alcohol en personas con trastorno por consumo de alcohol y obesidad. “Estos hallazgos concuerdan con estudios previos que demuestran que los GLP-1 podrían ser un tratamiento eficaz para el trastorno por consumo de alcohol (TCA)”, afirma el Dr. George Koob, coautor del estudio y director del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo (NIAAA) de los NIH. Los investigadores señalan que se necesitarán más ensayos clínicos para determinar si los resultados se mantienen en personas sin obesidad.

Estamos empezando a ver cómo parte del potencial de los GLP-1 para tratar la adicción a las drogas se convierte en realidad. Aún quedan interrogantes, pero esto es, sin duda, muy alentador; curiosamente ninguno de los pacientes los que he tratado con esos agonistas de GLP-1 me ha manifestado algo respecto al consumo de alcohol, aunque también es cierto que no lo había preguntado. ahora lo haré. Y sí es cierto que, salvo dos, que no se administraban el fármaco de forma regular, todos han experimentado un notable descenso de la grasa abdominal y el peso, aunque la anterior es la importante. Tampoco, salvo, en un caso, hubo hasta ahora efectos secundarios adversos, y el que los padeció simplemente tuvo molestias gastrointestinales durante tres o cuatro días, tras comenzar.

¿Vale la pena el probar todo esto en los sujetos alcohólicos? Sinceramente creo que sí.

Jesús Devesa


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