Parece que ambos son inherentes a la naturaleza humana, aunque ni mucho menos todo el mundo es así. En realidad reflejan temor, por ejemplo temor a perder el poder, o perder el orgullo, pero es también una realidad el que quien actúa así una y otra vez es una persona sin escrúpulos. Me voy a referir, en particular, a situaciones concretas que se están dando en los últimos días por parte de algunos de los que gobiernan (¿?) este país que va como un cohete, pero en picado.
Digo todo esto, y o que seguirá, a sabiendas de que he cometido muchos errores en mi vida, nunca o casi nunca intencionados, y a sabiendas también de que no soy perfecto ni mucho menos, ni soy “un ser de luz” como me escribió hace unos días una señora a quien no conozco ni me conoce personalmente; por cierto, cuando lo leí ignoraba qué significaba eso de “ser de luz”.
Pero vayamos al tema. Guerra de Irán, tremenda, no me gustan las guerras, pero tampoco me gusta el que por creencias religiosas se asesine impunemente a quienes no están de acuerdo con una determinada política, algo que está a la orden del día. Digamos por tanto “No a la guerra”, pero actuemos con consecuencia y no con cinismo e hipocresía. No incido más en el tema porque cualquiera entenderá a qué me refiero. Y profundicemos ahora en el por qué de ese título con el que encabecé este escrito.
La guerra de Irán afecta a la sanidad, transportes, educación, vivienda, infraestructuras, en nuestro país y otros muchos en el mundo. Cierto, pero miremos hacia atrás, no mucho porque no hace falta. Sanidad, por ejemplo. ¿Están los médicos, una gran mayoría, en huelga por esa guerra? No, rotundamente no. Lo están porque trabajan muchas más horas de lo que sería admisible, guardias por ejemplo, y cobran mucho menos de lo que debieran cobrar por ello. Hacen falta más médicos, muchos más, pero ahí siguen la Selectividad para el ingreso en la carrera, restringiendo, y el MIR limitado en número, también restringiendo. A mayores, si has obtenido un título en otro país y quieres convalidarlo en España puedes pasarte meses y meses esperando por esa homologación. ¿Por qué?, ¿no hay funcionarios de sobra?, qué hacen, a qué se dedican con el sueldo que todos pagamos con nuestros impuestos? ¿Tiene todo ello algo que ver con la guerra? Por supuesto que no.
Educación. Ocupamos el penúltimo lugar en la tasa de formación académica entre los países más o menos desarrollados. El informe PISA indica que España está 12 puntos por debajo de la media de la OCDE, y la Union Europea indica que ella tasa de abandono escolar es del 14%, cinco puntos superior a la media europea. ¿Se debe ello a la guerra de Irán? También es evidente que no, ya que esos datos fueron anteriores al comienzo de esa guerra.
Infraestructuras. Vivienda, carreteras, ferrocarriles, desastres naturales. ¿Cuántas viviendas se han construido desde que el gobierno prometio hacerlas? que se lo pregunten a los que buscan piso, o a los afectados por el volcán de La Palma, o a los que sufrieron la Dana en Valencia. Y hablando de la Dana, ¿por qué no se ejecutó el plan hace años aprobado para evitar el peligro que suponía el barranco del Poio? Claro que “si quieren ayuda que la pidan…” ¿Y por qué no se revisaron a lo largo de seis meses tras su renovación las soldaduras de las vías que produjeron el desastre ferroviario de Adamuz? No, por la guerra de Irán, desde luego. ¿Es justa la “okupación”? Para algunos parece que sí, en realidad todo el mundo tiene derecho a una vivienda, pero ¿no debiera hacerlas el Estado? ¿Es que es más lógico el que quien ha construido una vivienda con sus ahorros para alquilarla y conseguir un sueldo extra para lo que sea, jubilación incluida, se quede sin ella porque se la han “okupado”? Pues parece que si, según algunos distinguidos políticos que, por cierto, viven a todo plan a costa d nuestros impuestos. Y al tocar este tema me vienen a la cabeza, entre otras muchas cosas, los 169.000 euros que el Sr. Presidente se ha gastado, públicos, en sus vacaciones a todo plan en La Mareta, o también el viaje a Hollywood de la ministra de “Trabajo” para acudir a la entrega de los Oscar. En parte es lógico porque fue a apoyar al mundo de la cultura (desconozco quiénes integran ese mundo, porque siempre pensé que la cultura era otra cosa), pero la lógica desaparece cuando te das cuenta de que quien fue a ese acto era ministra de Trabajo y no el ministro de Cultura…, ¿a que fue entonces? Pero incluso así, ¿había necesidad de ir cuando no se acude a la entrega de los Premios Nobel? Sinceramente creo que no, como tampoco creo en la necesidad de esos viajes a Finlandia y a otros muchos países, máxime cuando la guerra de Irán aún no había empezado y no era necesario establecer vínculos con esos otros países, fuesen los que fuesen.
Podría seguir, aunque no hasta el infinito, porque “el infinito es el infinito”, como acertadamente señaló en una ocasión el Sr. Zapatero, pero no vale la pena. No soy, ni fui ni seré político, jamás, no pertenezco a ningún partido ni perteneceré, me da lo mismo quien gobierne, siempre que lo haga con sentido común, mesura y sin cambios continuos de opinión ni aprovechamiento injusto de nuestros impuestos. Releyendo, como hago muchas veces, mi libro “Mi otra Memoria Histórica” me entristezco y enfado pensando en cómo y cuánto ha cambiado este país. Como un cohete que va en picado…. hasta el desastre.
Jesús Devesa