No me gusta Trump, pero a veces tiene razón


Acabo de leer las declaraciones de Trump en la cumbre de la OTAN diciéndole a su secretario de Estado que corte ya todo tipo de relaciones con España, comerciales, visitas de turistas y de todo tipo. Esto puede ser tremendo para nuestro destrozado país si se lleva a la práctica, aunque también puede ser una fantasmada propia del personaje, pero en cualquier caso creo que tiene razón. Y antes de entrar en más consideraciones quiero aclarar lo de la fantasmada, algo fácil de entender si se analiza lo que pasó en Venezuela y lo que está pasando en ese país. Extrajo a Maduro, por narcodictador pero mantiene a Delcy, a su hermano y a Cabello, personajes de quienes precisamente no abundan las noticias positivas en sus actuaciones pasadas y presentes. Delcy, al parecer, está acusada en Miami de narcotráfico, e incluso hay, según dicen, un proceso allí abierto contra ella; Diosdado Cabello está acusado y en búsqueda y captura, al parecer, por los Estados Unidos desde 2011, con una recompensa para quien lo entregue, pero ahí sigue como Delcy. ¿Qué buscaba Trump con todo lo que en enero de este año se hizo en Venezuela? ¿Capturar y juzgar a Maduro y su esposa solamente? Pues eso parece, pero también apropiarse del petroleo venezolano, supongo, de no ser así no se entiende.

¿Y qué pasa con España? Pues todo viene, también al parecer, del No a la guerra de nuestro insigne presidente y a su negación a incrementar el presupuesto para defensa en la OTAN. Es lógico, a nadie le gusta la guerra, en primer lugar, o a casi nadie, pero es que además las arcas de nuestro Estado no dan para más, con una deuda billonaria que se incrementa día a día, que tardaremos quién sabe cuántos años en pagar (si lo hacemos), embargos por impagos por fondos extranjeros, un auténtico caos económico pese a lo que afirmen nuestros ministros y su jefe cada vez que tienen ocasión («somos la principal economía europea…” ¿De verdad?). ¿Cuál es la realidad? Imposible de saber, pero hay hechos innegables: el número de asesores del Gobierno se ha multiplicado por tres o cuatro con relación a gobiernos anteriores. ¿Para? Pues ni idea, aunque la única explicación que se me ocurre es que el objetivo es el tener a más gente bajo control, de no ser esta la explicación no lo entiendo. Porque a mayores donde menor número de asesores hay es en Sanidad y Educación, aspectos claves en el desarrollo y bienestar de un país. ¿Para qué sirven los otros?, ¿Necesita el Presidente cientos de asesores propios? Quizás sí para indicarle cómo se debe tomar el sol con protección, o cómo ver el eclipse, o qué libros leer, entre otras muchas cosas. Mejor dejémoslo y volvamos a la OTAN. O estamos o no. Recuerdo ahora cuando Felipe González planteó una especie de referéndum para decidir si nuestro país entraba en la OTAN. Eran tiempos en los que el grito en la calle decía: “OTAN no, bases fuera…”, pero entramos, afortunadamente. Recordando aquellos gritos me acuerdo de una mañana en la que cantidad de alumnos gritábamos frente a la puerta principal del Instituto Santa Irene: “Ellos tienen UNO nosotros tenemos DOS”. Decíamos UNO porque era el acrónimo ingles con el que se conocía a la ONU (United Nations Organization). La ONU no había permitido la entrada de la España de Franco en esa organización mundial y aquellos críos que éramos (tendría unos 13 o 14 años) nos habíamos sumado a las consignas impartidas por los no tan críos para manifestar nuestro orgullo de estar solos en el mundo (solo Argentina nos acompañaba) y no necesitar a los demás. Y ahora vuelve a pasar lo mismo o casi. No necesitamos a la OTAN, no tenemos por qué gastar más en defensa nacional. Para defendernos ya tenemos a Rusia y China, ésta sobre todo. Pero ¿nos interesa de verdad? Depende de quien lo piense. La realidad es que con China tenemos un importante déficit comercial y Rusia está de capa caída. O sea, para pensar a fondo en qué nos interesa. Claro que tenemos un gobierno marcado por el comunismo y una oposición fascista. No soy experto en política ni quiero serlo, pero eso es lo que se escucha y ve en prensa y TV a diario o casi.

Volvamos al principio y las amenazas de Trump. Bases fuera. No lo creo, pero si así fuese 25.000 personas se quedarían sin trabajo en Rota y Morón. ¿Una solución? Nombrarles asesores. Dejemos las bases americanas y pensemos en el comercio: no a las importaciones de productos españoles. ¿A quién le vendemos? El aceite a China, supongo, algo que ya debe estar ocurriendo (imaginaciones mías) pues al parecer el 80% del aceite que se consume en España viene de Marruecos, al menos es lo que leí ayer. Olvidémosnos de las ventas y supongamos que efectivamente dejan de venir turistas americanos a España. Desconozco cuánto representan, pero la realidad es incuestionable, el turismo es, con diferencia, el principal aporte económico al país, y entre los turistas extranjeros los americanos representan un importante número y quizás quienes más gastan. ¿Vale la pena todo este show propagandístico del no a la OTAN y su gasto en defensa? ¿No damos más porque no queremos o porque no tenemos? ¿No influirá el componente comunista en el gobierno y socios en este no? ¿Estamos buscando ser satélites rusos o chinos?

Pensar en todo esto es para volverse locos, porque no hay explicaciones racionales. Mejor sería el poder volver a la infancia y gritar a coro frente a la entrada del Instituto, lo que fuese, incluso el Aserejé…

Jesús Devesa


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