Aunque como la mayoría de los españoles, pese a lo que afirme el Sr. Bolaños, Ministro de ¿Justicia? y algo más, estoy indignado por sus ataques a la judicatura, el juez Peinado en este caso, algo que es, en mi opinión y la de muchísimos más españoles, absolutamente impropio de un estado que se considera democrático y con plena separación de poderes, por tanto, no voy a escribir sobre esto. Bastante han dicho ya los medios, la judicatura y la opinion pública al respecto. Absolutamente ignominioso y más propio de un estado autocrático que democrático, así nos va…
Quiero hablar sobre algo que aunque como médico y catedrático conocía, había olvidado, quizás por los años que no pasan en balde. Anteayer nació mi octava nieta, una delicia, pero cuando fui a verla al Hospital me sorprendió su insistencia en buscar el pecho materno y mamar, prácticamente sin parar, de forma ininterrumpida. Normal, pero la pregunta que entonces me hice fue: ¿Cómo la cría localiza el pezón y ya recién nacida lo busca y lo encuentra? Recordé entonces que esa misma sorpresa la había vivido años atrás cuando criaba perros y veía a los cachorros ya tras nacer buscando el pecho de la madre e incluso desplazándose entre ellos para conseguir la mejor ubicación para mamar. Recordé también que había tenido una pareja de canguros, que tuvieron una cría y como ésta trepaba por el pelaje de la madre, desde la bolsa marsupial, hasta encontrar donde alimentarse en el pezón materno.
Surgen entonces las dudas, ¿cómo es posible que el mismo mecanismo se de, ya no solo entre diferentes especies, y qué es lo que lo pone en marcha? Recordé a las mariposas nocturnas de los libros del gran naturalista francés Jean-Henri Fabré, libros que devoraba con pasión cuando era niño. En ellos una de las cosas que más me llamaba la atención era su descripción de cómo en una especie de grandes mariposas nocturnas, el macho era capaz de volar en la noche hasta 6 kms de distancia atraído por el olor de una hembra para aparearse con ella. Olor producido por esas misteriosas feromonas. Recordando, vino la respuesta a lo que ayer ví en mi nieta y a lo que anteriormente había visto en mis perros, canguros y otras especies animales.
Todo es cuestión de feromonas, o similares en el caso humano. En la mujer, estas secreciones que “llaman” al recién nacido, se producen en unas glándulas, pequeñas protuberancias areolares, las glándulas de Montgomery, que producen unos compuestos volátiles, de olor muy similar al del líquido amniótico al parecer, y que funcionan como una especie de señal para orientar al recién nacido para localizar el pezón y agarrar su boca a él y comenzar a mamar. Pero además inducen el apetito del bebé y mantienen la zona hidratada, y con algunas propiedades antibacterianas.
Esa especie de feromonas humanas varía en las distintas especies animales, mamíferos, en cuanto a su composición, algo lógico, pero el objetivo es el mismo en todas ellas.
Pero si todo ello es lógico, la pregunta que me hago es: ¿Cómo un recién nacido de cualquier especie mamífera, es capaz de detectar ese olor tan especial y cómo le induce a dirigirse al lugar productor? No es una cuestión de aprendizaje, evidentemente, sino algo que ya se ha desarrollado en el cerebro durante la gestación. ¿Cómo?, no lo sé, pero está claro que la evolución es algo increíble por como ha tenido lugar, se ha ido produciendo y a dónde nos ha llevado y nos llevará. Misterios sin resolver, pero fascinantes.
Jesús Devesa