Es mi deporte favorito, desde niño, y lo practiqué a nivel de competición en Vigo, en Madrid, en Santiago, llegando a finales de campeonatos de Galicia o de España, hasta que una rotura tremenda de la fascia de los isquitibiales, de arriba abajo me impidió volver a jugar. El dolor fue terrible, pero en aquella época (año 65) había que aguantar y así lo hice 80 minutos hasta el final en el que ganamos el Campeonato de Galicia. El siguiente fin de semana era el Campeonato de España, en Salamanca, había que ir…; me pasé toda la semana en cama, sin ir a clase en Medicina, viajé a Salamanca y antes del partido me inyectaron un anestésico en la pierna para poder jugar. A los 20 minutos del partido no pude seguir en mi posición, medio centro, y pasé a la defensa (decorativo). Perdimos y esa misma noche volvimos a Santiago en autobús. Si me sentaba no aguantaba el dolor por lo que todo el viaje fue de pie, horrible, y ahí se acabó el fútbol a nivel de competición.
¿Por qué digo todo esto?, pues porque me encanta el fútbol pero no soporto a los jugadores (en su mayoría), entrenadores (en su mayoría) y árbitros (también en su mayoría). Hablo de los actuales, aunque ya viene desde hace algunos años.
¿Por qué no a los jugadores?, por los aspavientos que hacen ante una entrada quedándose tumbados en el suelo y golpeando éste con una mano de forma insistente. ¿Tremendo dolor?, pues a lo mejor sí en algunos casos, pero en la mayoría un par de minutos después se levantan como si nada y a correr tan tranquilos. Todo farsa exagerada para que el árbitro pite una falta, que a lo mejor no fue, y le saque una tarjeta a un contrario. No es digno…
¿Por qué no a los entrenadores?, pues por la misma razón. Al ver a su jugador tendido golpeando el suelo se ponen a recorrer la banda, histéricos, con una mano en alto pidiendo al árbitro la tarjeta para el contrario, cuando a lo mejor no la merece.
¿Y por qué a los árbitros?, pues porque generalmente y dependiendo de qué equipos jueguen, sacan o no tarjetas, pitan o no penaltis, anulan o no goles…
Son suficientes razones, ¿no?, lo son para mí, en mis tiempos no pasaba.