Cuando por fin salió al mercado en 1985-86 prácticamente toda mi vida como investigador en el Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela la dediqué a estudiar e investigar las acciones de esta hormona. Poco a poco fui dándome cuenta de que era algo más que una simple hormona con acciones muy especificas y así fui descubriendo, publicando y rebatiendo conceptos que habían ido siendo considerados como clásicos a raíz de publicaciones de muy importantes cientificos mundiales, incluso dogmas de fe establecidos por un Premio Nobel. Había aprendido a purificar la hormona a partir de hipófisis de ratas en el Departamento de Fisiología de Granada, bajo la dirección del inolvidable Prof. Carlos Osorio, quizás el endocrinólogo más importante de España en aquella época (1973-74). A mi vuelta a Santiago seguí con esos estudios sobre la hormona de crecimiento y poco a poco se fue abriendo un mundo nuevo, lleno de sorpresas que, inicialmente, costaban aceptar entre la clase médica. Fui el primero en el mundo en arriesgarme a utilizarla en mi propio hijo mayor, tras un gravísimo accidente de tráfico, al que los médicos de la UCI y neurólogos habían desahuciado. Pero gracias a esa hormona logré sacarlo adelante en unos seis meses y acabó sin secuelas: Biólogo molecular, doctor europeo, Master internacional en Terapias avanzadas y ahora médico tambien. Publiqué ya no solo investigaciones sobre las formas moleculares de la hormona, las diferencias entre la actividad biológica de las distintas hormonas comercializadas (lo que me trajo serios problemas), el mecanismo real de la regulación de su secreción y sus efectos en la reparación cerebral y nerviosa periférica en innumerables casos. Me atacaron por todos lados, me hicieron expedientes sancionadores que acabé ganando en Tribunales Superiores de Justicia. ¿Por qué luché tanto en esto cuando en mi posición de Catedrático de Universidad no tenía necesidad? Pues porque defendía a toda costa aquello que había estudiado y comprobado y buscaba que prevaleciese la verdad, por el bien de todos. Y así me concedieron 26 Premios de investigación, siempre en el campo de la hormona de crecimiento, me invitaron a dar conferencias en prácticamente todo el mundo, muchas de especial relevancia, logre salvar la vida, en el autentico sentido de la palabra, de muchos pacientes de casi todo el mundo, de todas las edades (desde 1 mes de vida hasta 88 años). Y pese a ello siguen los ataques, por falta de conocimiento e interés por saber, pero siguen también los reconocimientos. Y ya al final de la vida, dos trabajos muy importantes, ambos por invitación. Uno la reciente publicación, de hoy mismo, de un trabajo muy denso elaborado en colaboración con un endocrinólogo italiano que me pidió esa colaboración, aquí dejo el trabajo que acaba de llegarme. Otro, la invitación de quizás la más importante editorial científica de libros, InTechOpen, de Viena, quien me invito a ser Editor Académico de un libro dedicado íntegramente a la Hormona de Crecimiento y sus múltiples acciones en el organismo. Quizás sean mis últimas publicaciones, pero me queda la satisfacción de haber luchado por aquello en lo que creía y haber conseguido que, pese a todo, hubiese conseguido la victoria. Y como victoria me refiero a que el tiempo fue dándome la razón, algo de lo que me siento orgulloso.
Moraleja: “Lucha siempre por defender aquello en lo que crees, si te equivocas no habrá sido por mala fe pero si aciertas podrás sentirte orgulloso”.
Jesús Devesa