Llevo ya un tiempo sin escribir en este blog que me sirve de desahogo, no tiene ni pretendo que tenga otra función. Las razones por ello son básicamente dos: 1) me ha llevado un tiempo el escribir dos libros de los que uno ya está publicado (Mi otra Memoria Histórica, en Amazon) y el otro (La magia que viví en Haití en 1972) está en proceso de edición; 2) la escritura de esos libros, no obstante, no ha sido el motivo principal, tampoco el trabajo diario, para que no utilizase este blog. El motivo ha sido la continua fuente de información de corrupción y disparates antipaís que en los últimos meses ha venido saliendo a la luz día tras día, hora tras hora. ES más que probable que alguno o algunos de los que lean todo esto me tacharán de fascista o ultraderechista o lo que sea. No me importa, ni lo soy ni lo he sido jamás y quienes me conocen o me han conocido a lo largo de mi ya dilatada vida pueden dar pruebas sobradas de ello.
La pregunta lógica que cualquiera se haría es: ¿por qué dices todo eso? y la respuesta es muy sencilla y la voy a dar. No voy a entrar en los múltiples casos de corrupción que afectan al Gobierno, altos cargos y familiares, al menos hasta que los tribunales se pronuncien, y sí me voy a centrar en esa validación que el llamado Tribunal Constitucional acaba de hacer sobre la Ley de Amnistía, similar a la que previamente hizo sobre el mayor caso de corrupción registrado en lo que antes era España, el caso de los ERE de Andalucía.
Cualquiera que tenga memoria recordará lo ocurrido en Cataluña en 2017 cuando el insigne Puigdemont declaró, durante unos segundos, la independencia de esa comunidad, y todo lo que vino después. No hace falta tener memoria para recordarlo, basta con ver las imágenes de violencia brutal contra la policía que cumplía su función, los incendios, la destrucción callejera, los heridos policiales, y ahora todo borrado gracias al Tribunal Inconstitucional, como si nunca hubiera pasado nada.
Y la indignación es aún mayor cuando te enteras de que el señor Turul, a quien tengo el gusto de no conocer, afirma que él participó en la redacción de esa Ley de Amnistía. Qué vergüenza; todo por 7 votos para mantener al fraudulento Presidente en el Gobierno o, previamente, votarle para que lo fuese. ¿Dónde está la dignidad? Y al hablar de dignidad no me refiero tan solo a una o dos personas, lo hago a todo el Gobierno y los grupos parlamentarios que le apoyan. ¿Cómo se puede votar a quienes defienden con sus votos parlamentarios el saqueo, el robo continuado desde hace años, a costa del dinero que todos o casi todos los españoles pagamos?
Y aún hay más. ¿Para qué sirve el Parlamento? En varias ocasiones he tenido la posibilidad, para mi tristeza, de ver en TV algunas sesiones de control, al menos así las llaman. ¿Sirven para algo? No en mi opinión, porque cuando se hace una pregunta a un Ministro éste responde de forma incoherente y saliendo por peteneras. Por ejemplo, pregunta dirigida al Sr. Ministro de…lo que sea: “Sr. Ministro, ¿por qué han pintado de blanco lo que debiera ser de color negro como corresponde a derecho? Respuesta: Sr. o Sra. Diputada, lo que ustedes tienen es una sentencia de corrupción, caso Gürtel (al parecer archivado, en el caso del Rajoy), que es la constante de su grupo parlamentario, y a mayores el Sr, Feijóo tiene relaciones con el narcotráfico”. Dicho esto, sin responder nunca a la pregunta planteada, con aire chulesco de suficiencia gubernamental el Ministro o Ministra en cuestión, cierra el micrófono y lo baja violentamente a la posición horizontal. Ya está, respuesta contestada, por peteneras claro.
Y la ilustre Yolanda Díaz que vive como nunca vivió, tienes de pelo, trajes o vestimenta aparatosa diaria, vivienda de lujo, se levanta ante una pregunta y afirma. “Este es el Gobierno más limpio que jamás ha tenido España, no toleramos la corrupción”, o algo así, en tono violento y chulesco. Se olvida, lógico, que ella fue concejal o concejala (término mal usado) del Ayuntamiento de Ferrol gracias a los influjos de su padre, distinguido sindicalista comunista, y que su propio padre la reprendió por subirse el sueldo a sí misma mientras era “concejala”. Se olvida también de todas las perrerías que hizo cargándose a toda cuanta agrupación o partido político en el que se introdujo. Que se lo pregunten al Sr. Beiras, por ejemplo. Y crea Sumar que en realidad es Restar. Y, vuelvo a repetir, insinúa que Feijóo es narcotraficante o tiene relaciones con el narco porque aparece una foto de él, cuando aún era muy joven, con Marcial Dorado; pero olvida que en la época de aquella foto, el Sr. Dorado hacía contrabando de tabaco, como tantos otros en las Rías Bajas de Galicia, no de droga. Pero es igual, miente que algo queda.
Y así estamos, con una deuda brutal, que crece diariamente, con 22 Ministerios inútiles que podrían reducirse a la mitad; con 300 y pico asesores del Presidente. ¿Cuánto cuestan? ¿para qué se necesitan?, ¿por qué el Sr. Sánchez tiene, al parecer, 8 asesores que son guionistas cinematográficos? ¿aspira a un Oscar en Hollywood o a un Goya? Lo malo es que todo eso lo pagamos casi todos los españoles, mientras la vida se encarece sin parar. Nuestra situación económica, la del ciudadano de a pie, es peor que la de 2008, o sea 17 años perdidos.
¿Y cual es el resultado de todo esto, aunque hay mucho, muchísimo más? Pues que el país que en tiempos no veía la puesta de sol, hoy lo que no ve es el amanecer, por la penumbra que nos rodea.
Sabe Dios cómo va a acabar todo esto. Pobres hijos y pobres nietos,