El engaño de Trump


Cuando Donald Trump inició sus ataques en el Caribe contra el narcotráfico aplaudí internamente esa iniciativa y no pude por menos que pensar que lo mismo debiera hacerse aquí, en nuestro país, en el Estrecho de Gibraltar y las rías gallegas, sobre todo en el anterior donde los narcotraficantes obran con casi total impunidad.
Igualmente aplaudí internamente el despliegue militar, inmenso, en torno a Venezuela, país querido antiguamente y odiado actualmente por la macabra dictadura que en él actúa. Presidente sin sentido común, dictadores asesinos de la libertad de pensamiento y acciones, ilegitimidad de arriba abajo, como pasa en algunos otros países del entorno. No me gusta Trump, nunca me gustó en realidad, narcisista egocéntrico, al que solo le interesa el bien propio y las ganancias multimillonarias, así como el deseo de sentirse idolatrado aunque no haya motivos para ello. Tampoco me gustaba Biden, y a la vista de lo que está ocurriendo pienso que el pueblo americano está perdiendo la cordura a la hora de elegir a sus gobernantes. Y digo esto pese a que siempre fui pro-yanqui, pero llega un momento en el que todo tiene un límite, o debiera tenerlo. No voy a referirme a la primera entrevista Trump-Zelenski, indignante y humillante; tampoco a la “brillante” idea de convertir Gaza en Trumpilandia, estatua de oro incluida, y sí a lo que representó la captura del dictador Maduro, un personaje histriónico, inculto, chabacano y asesino. Ocho millones de venezolanos huidos de su país son una buena muestra de todo lo que acabo de afirmar.

La captura de Maduro fue, desde un punto de vista militar, una obra maestra. No soy militar, de hecho me expulsaron de la milicia universitaria a finales de los años 60, en Monte la Reina, por cuestionarle al capitán de nuestro escuadrón la utilidad de pasar un verano en aquellas instalaciones haciendo prácticas militares. Duré un mes y días… Pero, pese a ello, respeto a los militares, entiendo la necesidad de que existan y actúen cuando es necesario, y por eso antes afirmé que la captura de Maduro fue una obra maestra. Pero luego surgen las dudas acerca de auténtico objetivo de esa misión. Por ejemplo: ¿Por qué solo Maduro y su esposa?, ¿es que Diosdado Cabello, Padrino López, Delcy Rodríguez y su hermano, y bastantes más no son tan responsables como Maduro, o incluso más, que el propio Nicolás y su esposa de los tremendos años vividos en Venezuela tras el chavismo? ¿Por qué entonces se les dejó en el país? ¿Por qué se acepta la presidencia de Delcy y su hermano quienes, al parecer, son las manos más negras de todo lo que ocurrió y ocurre en Venezuela? Ojalá esté equivocado, aunque no lo creo, pero a la vista de lo ocurrido solo cabe pensar que el único interés de Trump era y es el hacerse con el control del petróleo venezolano y los inmensos tesoros en forma de yacimientos de oro y tierras raras que ese país posee.

Y si el verdadero objetivo era el acabar con el narcotráfico, ¿qué pasa con Méjico, Colombia, Ecuador, Bolivia…?, por citar solo a algunos de los países en los que los narcotraficantes y productores campan a sus anchas. ¿Existió realmente un interés sanitario, por llamarle así?, a la vista está que no, al menos por lo que se deduce leyendo y escuchando lo que está sucediendo. Y volviendo a Trump, ayer tuve la desgracia de verle y escucharle criticando a Macron e imitándole de forma hiriente y grotesca. ¿Es esa la actitud correcta de un presidente, máxime cuando lo es de un país como Estados Unidos? Sumamente cabreante, pero llevamos las de perder. Me temo que el mundo ha entrado en una espiral de locura sin sentido que solo puede acabar mal. Ojalá me equivoque, pero el tiempo lo dirá.

Jesús Devesa


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