¿De qué van mis dos libros?


Esta es una pregunta reiterativa en los últimos días. He publicado muchos artículos en revistas científicas internacionales, he impartido muchas conferencias plenarias en España y varios países de Europa y América (Norte y Sur), he escrito muchos libros científicos en español e inglés, pero mueca había escrito nada similar a una novela o libro autobiográfico, algo que ahora hice. De ahí quizás esas preguntas y posible sorpresa. Algo que ahora voy a resumir aquí.

En el primer libro, Mi otra Memoria Histórica, describo lo que vivió un niño de cinco años, yo, en un verano en una aldea de la Galicia rural. Un mundo sorprendente en el que dominaban las creencias en las “meigas” (brujas), un mundo en el que descubrí como un perro puede convertirse en tu mejor amigo y enseñarte que existe un mundo que desconocías. Aprendí, o lo intenté, a hablar con las vacas, aunque éstas no me entendiesen y arremetiesen contra mí (me salvó el perro). Y aprendí también a pintar al óleo aunque en realidad lo que conseguí fue el destrozar un cuadro que mi abuelo había pintado.

Mis vivencias continuaron en otro nuevo mundo, el de Las Traviesas, al lado del Instituto Santa Irene. Allí una especie de fraile predicador me predijo mi futuro, ante el terror de mi abuela, predicciones que en mi vida se cumplieron tal cual las había predicho aquel extraño personaje. Viví un mundo también nuevo en Francia, interno en un verano a los 14 años, rodeado de muchos extranjeros de todo el mundo que allí había ido a aprender francés. Y entre ellos descubrí y me ilusioné con una deliciosa joven sueca de 16 años, Marianne, con quien mantuve una relación increíble por lo cordial hasta que dos años más tarde, recibí un correo de otra amiga suya, danesa, en el que me comunicaba que Marianne había fallecido de un tumor cerebral. Aquella carta iba acompañada de otra de Marianne para mí en la que me describía, con dolor, el destino que ya la esperaba. Ello fue un gran golpe que no pude, a mi edad, asimilar y que a la postre significó mi expulsión, a un mes de las pruebas de Selectividad en Madrid, del Instituto de esa ciudad donde estaba cursando Preuniversitario.

Narro también mis tremendas experiencias en Norteamérica, en 1972 ya con 26 años; tremendas para bien y tremendas para mal por mis múltiples despistes en aquel país, tanto en Miami como en Washington y en Pittsburgh, incluida la pérdida de mi pasaporte en mi vuelta a España, así como el entrar en el avión que no me correspondía y aterrizar en Atlanta, cuando debía hacerlo en Filadelfia y de ahí a Madrid. Pero nada de eso es comparable a lo vivido en Disney World y mi vuelta de ese maravilloso parque a Orlando. Un desastre….

El otro libro: Mi mágico Caribe de 1972 es más duro, quizás, y ¡, en realidad predecesor del anterior. Había ido a Haití por consejo de una amiga italiana de Puerto Rico, antes de desplazarme a Norteamérica. La idea, la de ella, era que contactase en Haití con un quimboiseur (hechicero) que me librase del embrujo del que, según ella, iba a ser sometido o estaba siéndolo ya en Puerto Rico. Inconsciente de mí allí fui, aunque tenía que irme a Miami a la boda de un exalumno en la Facultad de Medicina de Santiago. Es difícil describir lo que era Haití en 1972, un país que lo tenía todo, en términos de belleza natural, y no tenía nada por la pobreza y la dictadura de Duvalier y los tonton macoutes, paramilitares a su servicio. Pero fui, y de entrada me recogieron en mi hotel y me llevaron a un ritual de vudú en medio de las montañas. Imposible el describir aquí lo que allí vi y viví. Mágico y estremecedor y una hechicera, Makela, que me miraba y miraba mientras yo estaba extasiado ante aquel ritual tan brutal, pero también ante la belleza de la joven, Gabrielle, a favor de la que se llevaba a cabo aquel tremendo ritual. Conocí al padre de Gabrielle, él era el quimboiseur que se iba a encargar de protegerme de los supuestos conjuros puertorriqueños. Curioso, porque era un hombre culto y hablar con él era interesante. Me presentó a su hija que, curiosamente, era la Gabrielle del vudú. Tenía 18 años y una belleza singular. Congeniamos rápidamente y durante cuatro días recorrimos los lugares más interesantes de Haití, ella inteligente pero con creencias ancestrales: dioses del agua, de los árboles, de los animales… Pero lo que mal empieza mal acaba, Makela, en el vudú, se había percatado de cómo miraba a Gabrielle y finalizada la ceremonia me lo advirtió: prohibido acercarse a ella, yo era blanco de la raza de los expoliadores y no podía tener ningún contacto con aquella chica, pese a lo que mis ojos, según ella indicaban. No me lo imaginaba, pero así fue, a cuarto día, más o menos, Gabrielle y su padre habían desparecido y a mí me llevaron a la frontera con Santo Domingo advirtiéndome que o me iba del país o acababan conmigo.

Bueno, todo esto es un pequeño resumen de aquellos años. Todo real, todo probado, todo vivido y ahora recordado. Espero haber dado respuesta brevemente a las preguntas acerca de los libros. Pero para conocer más están disponibles en Amazon.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *