Ceibes de Regoufe: qué tiempos¡¡¡


Desconozco las razones, quizás la edad sea un factor influyente, pero cada vez más y con más fuerza vienen a la mente recuerdos de tiempos casi olvidados y que te obligan a pensar y a buscar. Y cuando buscas encuentras, generalmente, y así me acaba de ocurrir. ¿Cuál fue el desencadenante en este caso? un perro de una de mis hijas. Al verlo, jugueteando con mis nietos, recordé mi gran amor de siempre por estos animales y recordando me vino a la mente el criadero tan fantástico que desde mediados de los años 70 hasta principios de los 80 habíamos tenido mi esposa y yo en un precioso sitio en una aldea, Regoufe, cercana a Luou (Teo). Se llamaba, así le habíamos denominado, Ceibes de Regoufe. Ceibes, que en gallego significa Libres, de Regoufe, el lugar en el que llegaron a vivir 80 parejas de perros de gran calidad prácticamente libres en una parcela de 25.000 m2, totalmente cerrada. Busqué entonces en internet a ver si aparecia algo sobre aquel criadero que tan felices nos hizo y tan desdichados después, y me encontré con tan solo una cita de un blogger, cuyo link aquí reproduzco porque es sumamente real, emotivo para mí, lo que describe y como lo hace: https://jj-ideasynarraciones.blogspot.com

Desconozco su identidad, pero por lo que dice, el nombre que utiliza (jj) me lleva a pensar que efectivamente fue un alumno que se llamaba José Juan, con el que tuve un primer contacto en la Facultad cuando él estudiaba tercero de Medicina, había sido alumno mío en segundo de carrera y era, en aquella época, destacado miembro o “jefe” de una cuadrilla comunista a quienes se quería expulsar de la Facultad. Había venido a verme, en mi despacho en Fisiología, junto con otros cuatro integrantes de aquel grupo, pidiéndome que les ayudara y evitase su expulsión de la carrera. Hablamos largo rato, quizás dos horas o más y me convencieron de que eran personas nobles, con ideas equivocadas para mí, pero con derecho a tenerlas. Hablo de los años 77, más o menos. Les prometí que trataría de ayudarles y así lo hice. Recuerdo, como si fuese hoy, una cena de la Junta de Facultad, aunque no sé cuál era el motivo de esa cena, en un restaurante de la calle San Clemente. Recuerdo que estábamos prácticamente todos los profesores de entonces, menos el Prof. Domínguez, mi jefe, y que yo estaba sentado al final de la mesa justo frente al Decano de entonces, cuyo nombre omito por respeto. En la cena se trataron diversos asuntos de la Facultad, candentes en aquellos tiempos, y en un determinado momento se planteó la expulsión de aquel grupo, denominado “Movimiento Comunista” o los “Mocos” como les conocían entre los otros alumnos. Creo que ningún profesor de los presentes se opuso a la expulsión, propuesta y muy argumentada por el Sr. Decano, pero yo sí lo hice ante la sorpresa de los presentes. Yo era, con gran diferencia, el más joven en la mesa y en el profesorado de Medicina, si fue en el 77 tendría 31 años, mientras que la media de edad allí sobrepasaba los 50; pero era también muy valorado entre los profesores. De hecho más de uno intento convencerme de que abandonase la Fisiología y Bioquímica y me fuese a trabajar a su Departamento. Quizás por ello, mis argumentos a favor de la no expulsion de aquel grupo convencieron a casi todos, no al Decano y algún otro, y la cosa quedó en nada salvo en mi compromiso de que convencería a aquellos chicos de que guardasen las formas en la Facultad. Así lo hicieron y así se gesto una muy buena amistad entre el jefe del grupo, su novia de entonces (también activista) y yo. El chico, muy inteligente pero poco estudioso en Medicina, acabó abandonando la carrera, mientras que la que era su novia acabó siendo profesora de Psiquiatría.

Tras todo aquello cuando nació “Ceibes de Regoufe”, un criadero de lujo por la cantidad de campeones caninos que de allí salieron, muchos ex alumnos comenzaron a venir por allí, a comprar perros cuando podían o a charlar simplemente. Entre ellos el citado jefe de los “Mocos” y su novia. Por eso, al leer hoy ese blog recordé y no tengo la menor duda de que fue él quien lo escribió. No sé cuándo lo hizo ni supe más de su vida, como tampoco de su amigo Marcelo, también ex alumno, que compró un cachorro de pastor alemán que acabó siendo campeón de Portugal, si no recuerdo mal.
Historias de una vida muy intensa. Algún día hablaré más de “Ceibes de Regoufe”, aquello no puede quedar en el olvido de los amantes de los animales en general y de los perros en particular.

Jesús Devesa


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